ODH - Dia internacional para la tolerancia

El Observatorio de Derechos Humanos del Ilustre Colegio de Badajoz, celebra este día de la tolerancia para que esta no sea un simple eslogan, una mera marca en el calendario, ni siquiera una noticia breve en los medios de comunicación, sino que a través de  su recuerdo, de ser nombrada, de ser publicada, se hable de ello, avive nuestras conciencias dormidas y reflexionemos sobre su significado real, sobre su cumplimiento efectivo.

No es algo superado en nuestros estados de derecho, en nuestra civilización occidental, las conductas aprendidas, instauradas, surgen cuando menos lo pensamos, en las aulas, en los estadios de futbol…., y un poco mas lejos: en los conflictos, en las llegadas masivas de personas sin hogar huidas, refugiadas …y diferentes.

Nos asaltan noticias de discriminación étnica en colegios de nuestro país, de acoso escolar por tener una identidad sexual diferente, se asesina en nombre de la religión, se levantan muros y se cierran fronteras para contener al extranjero, al otro, al que no es como nosotros…

Por eso mas que nunca es necesario denunciar estas situaciones y reivindicar la tolerancia. Celebremos este día recordando cómo luchar contra ella de la mano de Naciones Unidas:

¿Cómo luchar contra la intolerancia?

  1. Luchar contra la intolerancia exige un marco legal
    Los Gobiernos deben aplicar las leyes sobre derechos humanos, prohibir los crímenes y las discriminaciones contra las minorías, independientemente de que se cometan por organizaciones privadas, públicas o individuos. El Estado también debe garantizar un acceso igualitario los tribunales de justicia, a los responsables de derechos humanos y a los defensores del pueblo, para evitar que las posibles disputas se resuelvan por la violencia.
  2. Luchar contra la intolerancia exige educación
    Las leyes son necesarias pero no suficientes para luchar contra la intolerancia y los prejuicios individuales. La intolerancia nace a menudo de la ignorancia y del miedo: miedo a lo desconocido, al otro, a culturas, naciones o religiones distintas. La intolerancia también surge de un sentido exagerado del valor de lo propio y de un orgullo personal, religioso o nacional, exacerbado. Estas nociones se aprenden a una edad muy temprana. Por eso es necesario poner énfasis en la educación y enseñar la tolerancia y los derechos humanos a los niños para animarles a tener una actitud abierta y generosa hacia el otro. La educación es una experiencia vital que no empieza ni termina en la escuela. Los esfuerzos para promover la tolerancia a través de la educación no tendrán éxito si se aplican a todos los grupos en todos los entornos: en casa, en la escuela, en el lugar de trabajo, en el entrenamiento de las fuerzas del orden, en el ámbito cultural y en los medios sociales.
  3. Luchar contra la intolerancia requiere acceder a la información
    La intolerancia es especialmente peligrosa cuando individuos o grupos de individuos la usan con fines políticos o territoriales. Identifican un objetivo y desarrollan argumentos falaces, manipulan los hechos y las estadísticas y mienten a la opinión pública con desinformación y prejuicios. La mejor manera de combatir estas políticas es promover leyes que protejan el derecho a la información y la libertad de prensa.
  4. Luchar contra la intolerancia requiere una toma de conciencia individual
    La intolerancia en la sociedad es la suma de las intolerancias individuales de todos sus miembros. La intolerancia religiosa, los estereotipos, los insultos y las bromas raciales son ejemplos de intolerancia que se viven en lo cotidiano. La intolerancia lleva a la intolerancia y para luchar de forma efectiva es necesario que cada uno examine su papel en el círculo vicioso que lleva a la desconfianza y a la violencia en la sociedad. Todos debemos preguntarnos: ¿soy una persona tolerante? ¿Juzgo a los otros con estereotipos? ¿Rechazo a los que me parecen diferentes?
  5. Luchar contra la intolerancia exige soluciones locales
    Los problemas que nos afectan son cada vez más globales pero las soluciones pueden ser locales, casi individuales. Ante una escalada de intolerancia, los gobiernos o las instituciones no pueden actuar solos. Todos formamos parte de la solución y tenemos una enorme fuerza a la hora de enfrentarnos a la intolerancia. La no-violencia puede ser una herramienta muy efectiva para confrontar un problema, crear un movimiento, demostrar solidaridad con las víctimas de la intolerancia o desacreditar la propaganda fomentada por el odio.